Thaipusam en Singapur
28 Febrero, 2009 | Publicado por ida en Singapur | 1 Comentario
La diosa hindu Parvathi le dio a su hijo Murugan una lanza para derrotar a tres demonios Asura y a sus ejércitos, que estaban conquistando el mundo en una feroz guerra. Su padre, Shiva, le dio otras 13 armas a su hijo, pero parece que nadie se acuerda de cuáles eran. Se cuenta también, que cuando Murugan derrotó a los demonios, convirtió a uno de ellos en pavo real, y le ordenó que fuera su vehículo allá donde fuera.
Desde entonces, la imagen de Murugan aparece siempre acompañada de un pavo real y empuñando una lanza. Y el día de Thaipusam es para conmemorar su victoria sobre los demonios. Por eso, Thaipusam es, para todos los hindús, el día para dar las gracias, expiar las malas acciones y pedir deseos. Muchos de los devotos de Murugan se clavan pequeñas lanzas en su cuerpo y arrastran pequeños altares, llamados kavadis, adornados con plumas de pavo real en honor al dios Murugan. Muchos de estos kavadis son complejos aparejos metálicos que van clavados al cuerpo del devoto, quien tiene que caminar aproximadamente 3 kilómetros, desde un templo a otro, para afrecer sus votos a la estátua de Murugan. Otros kavadis más simples son recipientes llenos de leche sagrada, que se llevan sobre la cabeza y se derraman sobre la lanza sagrada de Murugan al llegar al templo.
Esta vez tengo un montón de imágenes para mostraros. Y sonidos, muchos sonidos.
La primera noche se llevan las ofrendas de leche de un templo a otro. Las familias se reúnen en el primer templo y durante largas ceremonias bendicen la leche en altares improvisados y la reparten entre todas las vasijas que van a salir en procesión.
Después se reparten las vasijas y los kavadis de madera y se preparan para salir en procesión. En algunas de estas vasijas puede llegar a haber hasta 4 o 5 litros de leche.
Algunos de los devotos se atraviesan la boca y la lengua con pinchos, como voto de silencio.
Durante el día siguiente los devotos se preparan para llevar los grandes kavadis, arropados por toda la familia. A lo largo de todo el día van saliendo en procesión según están preparados, y toda la ceremonia puede durar hasta las 2 de la madrugada.
Todo lo que se va a utilizar en la ceremonia debe ser bendecido previamente.
La mayoría de los devotos lleva el peso del kavadi sujeto a un cinturón. Pero algunos de ellos llevan el peso directamente clavado en la cintura.
Durante la larga y lenta procesión, el ánimo nunca decae. Aunque algunos de ellos, muchas veces los más jóvenes, piden paso para llegar antes porque las fuerzas les empiezan a abandonar.
Aunque tres kilómetres parece poco, uno de estos grupos necesita al menos 5 o 6 horas para llegar al final y poder quitarse todo el aparejo.
Estuve con todos ellos durante los dos días de celebraciones. Caminé con ellos durante los dos días. Pero también canté, olí, sudé y sufrí con todos ellos. A 35 grados a la sombra, descalza en el asfalto de Singapur, me dejé arrastrar por el fervor religioso de esta comunidad. Me convertí en parte de la masa votiva que lentamente navegaba hacia su salvación. No llevaba nada clavado en mi cuerpo, pero quedé tan exhausta que mi cuerpo se quejó durante varios días después. Y a pesar de que yo, por no ser hindú, no recibí su bendición en forma de mancha de ceniza sobre la frente, mi cuerpo y mi mente, se salvaron: por un momento conseguí olvidarme de mi misma.
Al final, lo más increíble es que horas después todos ellos volverían a sus trabajos, en modernas oficinas de Singapur o fantásticas universidades de vanguardia. Y yo estaría en un avión volando hacia Australia. En ese momento, eso era lo que parecía más irreal.

1 Marzo 2009 a las 0:02(#)
Increible. Me parece increible que haya gente que se purifique el alma todavía hoy en día. Los spas urbanos y los restaurantes hindues de la ciudad ofrecen también purificación del espíritu, eso sí, a cambio de unos módicos euros.
Si compartiste eso, pelailla, estoy segura que te sentiste en paz contigo misma, al margen del tema religioso.
p.s.- flores y fruta por todas partes, no?