Singapur
10 Marzo, 2009 | Publicado por solo en Singapur
Hola queridos amigo-familia-clientes y algún que otro enemigo que seguro me estará leyendo. Aquí me tienen de nuevo, esta vez les voy a transmitir algunas impresiones, entre otras, la de esta magnífica ciudad-estado llamada Singapur.
Llegamos en autobús desde el sur de Malasia hace apenas 2 días, para ir al festejo anual indio, llamado Thaipusam. No es mi intención quedarme más días aquí, puesto que esta ciudad es bastante cara en comparación a otras del sudeste asiático. Para que os deis una idea aproximada: el paquete de tabaco cuesta 5€, la botella de cerveza de 600 ml unos 6€ y una cama en un hostal 7€.
Esta ciudad es realmente maravillosa, podría decir que me recuerda un poco a Barcelona pero sin catalanes. Algún madrileño dirá… Pero coño! Si si Singapur es la ciudad ideal (lo pongo así porque los madrileños son mal hablados), y yo le responderé…no, querido amigo, Singapur está poblada básicamente por un 48% de chinos, más un 48% de indios, más un 4% de guiris de bussines y viajeros, lo que la hace muy bonita pero un tanto caótica y sin personalidad.
Pero Singapur tiene aires de ciudad modelo. Posee una arquitectura realmente impresionante, es una ciudad que intenta permanecer limpia y con un tráfico ordenado. Y aquí viene lo gracioso. ¿Tráfico ordenado? ¿Limpia? ¿Con una población mayoritaria de chinos e indios? Pues sí, se puede, el programa de educación vial aquí en Singapur parece haber funcionado muy bien. Cada tanto se ve correr a algún guardia vial tras un indio, como si se hubiese robado una cartera, pero debo mencionar que son hechos aislados.
Volviendo al tema principal, el festejo de Thaipusam. El festejo comenzó el día 7 de febrero en el templo indio principal en Singapur, con una preparación física y espiritual que consistió en un estricto ayuno, acompañado de mantras y demás cantos religiosos. Ese mismo día por la noche, los elegidos fueron preparados por otros sacerdotes, entrando en trance con más cantos, gritos, pitidos y panderetas, y el grupo de amigos y familia que los acompañaba fueron encerrándolos y clavándoles unos bonitos pinchos en la boca, lengua, en el pecho o la espalda o todo a la vez, según el doloroso artefacto que tuviese que transportar en peregrinación hacia el otro templo.
Pero lo mejor siguió el día siguiente por la mañana, porque algunos más experimentados, además de llevar el cuerpo todo pinchado de varillas, sumaron unos zapatos de pinchos y un calor de 40 grados a la peregrinación de más o menos 3 kilómetros. El festejo fue de lo más intenso, y ver a esos gurús fue impresionante, hasta había algún chaval de 12 años medio pinchado en la procesión.
Mañana Lupe parte hacia Australia y yo rumbo a un destino aún incierto. Mis opciones de momento son 3: Sumatra, Saba o una isla semidesierta al este de Malaysia. Y como eso de pedir la votación por e-mail no me gusta nada (algunos de vosotros sois un peligro, más que yo mismo y eso es decir mucho) utilizaré un viejo método que se llama cábala o echarlo a suerte.
Y aquí me despido queridos amigos, que sepan que aunque en la distancia, todos y cada uno me estáis acompañando en este hermoso viaje.
“Una cerveza en Ko Panghan 1 euro. Un desayuno con curry picante en Georgetown 0,80 euros. Darse una ostia en la cabeza sacando fotos y apoyarse en un gurú que parece un pincho moruno y sumarle 5 puntos de dolor no tiene precio”



